domingo, 30 de septiembre de 2012

Entrevista con un Twittero - Parte III




El deseo de un beso quedó. Mi boca palpitaba tan solo de imaginar ese momento, pero sería mejor así, no besarnos para que la próxima vez, si es que iba a existir una próxima, tuviéramos más ganas. El deseo reprimido hace disfrutar intensamente la tentación, cuando ésta se convierte en realidad. Volví a casa acelerada y pensativa, miles de cosas pasaban por mi mente, un ligero temblor invadía todo mi cuerpo. Realmente es un personaje encantador que me tiene cautivada. 

Pasaron varios días y no supe de su existencia, seguramente huyó porque fui una boba, que le apartó la boca en el momento en el cual me quería besar. Pensamientos e incluso recriminaciones conmigo misma tuve, sentí hasta una leve tusa por algo que ni jamás comenzó, estaba siendo víctima de mi propio juego. Tenía tanta curiosidad por esos labios, me iba a morir por culpa de mi propia estupidez. Casi me deprimí, sentía que me faltaba algo que podía ser llenado con un beso de él, o con litros de helado. Como realmente sucedió, y así como una colegiala tonta refugiada en algún lugar me encontraba yo. Con un vaso de helado y algún libro que no recuerdo su título, cuando llegó a mi celular un nuevo mensaje. Era él, eran sus palabras perfectamente escritas, palabras que venían acompañadas de una invitación a volvernos a ver, pero que esta vez debería ser yo quien escogiera el lugar. 

Yo escoger el lugar? Si me cuesta decidir qué ropa ponerme a diario, soy de esas que desde el desayuno piensa qué debe preparar de almuerzo, para cuando llegue la hora tener un algo puesto en el plato. Pensé y pensé por un buen rato, debía darle una respuesta, una pronta y precisa. Debía escoger un plan que no pareciera muy comprometedor, un lugar abierto, un plan que no dijera mucho. Me encanta el cine, pero sería tan común decirle que fuéramos a cine, tampoco quería salir con la frase de cajón de ir a tomar café. No sé si fue por el libro que leía por esos días o porque realmente es de ese tipo de cosas estúpidas, que me gusta hacer y jamás me doy la oportunidad para hacer. Lo invité a ir a dar una vuelta y recorrer algunos de mis lugares preferidos, lo invité a un picnic en cualquier prado.

Vamos de picnic, ese es mi plan. Así se lo que escribí. Me dejé ir sobre la pantalla de mi celular y se lo dije, no me importaba lo que podría pensar. Jamás se me cruzó por la mente que se reiría de mi, que se burlaría y que irónicamente hablara del cliché del mantel a cuadros rojos sobre fondo blanco, la cesta mimbre. No sé si era mi culpa por parecer siempre tan indiferente hacia todo, pero lo que realmente me interesaba saber es si iba a ir o no. Si no pensaba hacerlo, entonces que propusiera algo él. Nunca sabré si fue por pereza o falta de creatividad, pero accedió. 

Le dije dónde sería el lugar de encuentro y más nada, a pasar de toda su insistencia. No entiendo por qué los hombres tienen siempre tener el control, por qué siempre necesitan saberlo todo, déjense llevar. Esta vez sería yo quien tendría el control, quien decidiría. Debería dejar el machismo a un lado y permitirme que yo hiciera lo que quisiera hacer. Desperté más temprano que de costumbre, caminé un rato, busqué las cosas para nuestro picnic, me acerqué a la panadería por un pan recién horneado, recorrí el mercadito buscando vegetales y frutas frescas. Cuando llegué a mi casa nuevamente, lavé las frutas y los vegetales, preparé los sándwiches que nos comeríamos más tarde, busqué una botella de vino tinto y lo empaqué todo el la cesto de mimbre, que heredé de mi madre. 

Un jean, una camisa a cuadros, mis viejos Nike Air Force 1, nada de maquillaje y para completar el cliché me puse una pañoleta sobre mi cabeza. Lo busqué en el lugar que habíamos acortado. Ni siquiera me baje de Merceditas. Si tenía el control, lo iba hacer todo como yo quería, se acercó y subió a mi Merceditas. Me saludó común y corriente, lejano afortunadamente. En seguida se ofreció a manejar, me negué, yo llevaba el control, yo lo estaba dirigiendo, no quería que él arruinara todo mi plan sabiendo hacía donde nos dirigíamos. 

Lo llevaré a conocer algunos de mis refugios, mis lugares secretos, algo que no he compartido con nadie, le dije. De su cara surgido una tímida sonrisa. Manejé unos cuantos kilómetros, durante los cuales hablamos, cosas sin sentido como siempre, pero más interesantes que nunca. Cuando me salí de la carretera y cogí mi verdadera ruta, su comentario fue perfecto; puedo conectar mi iPod, acá? Hay algo que quiero que oigas. Por favor, hágalo! -Louis Armstrong!!! Qué otra cosa podría llevarnos a la perfección? No solo escribe especialmente bien, le gusta el deporte, odia a la gente y ahora para llegar a lo más alto del altar de hombres, tenía buen gusto musical-. No sé si era la canción para ese momento, pero su título invita a mucho, A Kiss To Build A Dream On. Debí detenerme, soltar el cinturón de seguridad y besarlo. Fue perfecto, su boca tiene el tamaño para la mía, sus labios jugosos y llenos de deseo, con mis manos acariciaba su pelo, nuestras lenguas danzaban como si se conocieran de toda la vida, unos segundos en los que todo el tiempo se detuvo. Fenomenal.

Volví a la ruta y seguimos el camino, no quería mirarlo, tenía miedo, él quería decir algo, pero no le salían las palabras. Encontré mi lugar, como pude traté de poner a Merceditas a un lado del camino y le dije que ahora tendríamos que caminar. Saltamos una cerca, me cogió de la mano y subimos una loma, cuando llegamos al punto que yo indiqué, sacamos todo del cesto, extendí el mantel, le di su sándwich y yo tomé el mío. Él sirvió el vino y me dio algunas frutas, los dos teníamos una sonrisa cómplice. No hablábamos, sólo nos mirábamos, porque no teníamos de qué hablar, nuestros ojos hablaban por nosotros. 

La película de horror, se volvía rosa de un momento para otro. Cuando terminamos de comer, él se acercó a mi lentamente, sus labios se acercaron nuevamente a los míos, muy despacio comenzó a besarme, fueron movimientos muy calculados y precisos, se me iba la respiración, pero sentía que compartía el aire con él, estaba respirando gracias a él. Era como morir y vivir en el mismo instante. Después de volar, volvimos a poner los pies en la tierra. Me levanté, guardé todo en el cesto y tomé su mano, le invité a caminar entre la hierba, sin que él lo supiera estábamos recorriendo los lugares donde me gusta huir de todo, donde voy a olvidar o a recordar, espacios sin nada de especial, más que el significado que yo le he dado con tantas visitas. Espacios que quedan muy cerca a donde vivo.

Después de caminar un largo rato y antes que la tarde se convirtiera en noche, nos fuimos. Lo llevé nuevamente al lugar en donde nos encontramos y nos despedimos con un exagerado beso, más intenso y fuerte que todos los anteriores. Esta vez no existía nadie más que él y yo en el mundo, estuvimos en una burbuja por unos segundos, burbuja que explotó cuando paré y le dije que debía irse, porque el camino de vuelta a mi casa es largo. 


martes, 18 de septiembre de 2012

Los desempleados de la posguerra - versión libre y cruda


Algunos de ustedes habrán visto que estoy como bloggera en El Tiempo, algo que me hace sentir orgullosa de mi misma. Pero allí hay normas, códigos éticos y un manejo del leguaje casi obligatorio. Por eso quiero compartir este escrito tal y como era crudo e irrespetuoso. 

La paz dejará más desempleados


Y no serán desempleados de bien como yo, o como los otros 2´406.999 de desempleados que tiene este país de oportunidades escasas, roscas y dádivas. Vendrán desempleados de la guerra, gente, gentuza que no sabe hacer nada más que matar, pura porquería humana, los que vienen son peor que los que vemos a diario en las calles, gente despreciable. Personas que ha vivido lo peor de Colombia, que quién sabe si queriendo o sin quererlo son cómplices de muchos atropellos a los mal tratados derechos humanos.Y no lo digo por los guerrilleros, lo digo por todas las partes de éste podrido conflicto. 

Casi todos ustedes que me leen deben ser personas de ciudad, pero vayan al campo, vayan a los municipios, a las zonas rurales de Colombia que son casi el 25% de la población. Donde literalmente juegan a policías y ladrones. No tienen más opción; o se es malo, o se es perverso, no hay más de dónde escoger. En cualquiera de los bandos que elijan van a asegurar, techo, comida y ropa. Qué más se necesita en el campo? Lo tienen todo y como para hacer la guerra no se necesita haber estudiado nada, pues es el trabajo ideal. No necesitan experiencia previa, los ponen al frente. No necesitan carta de recomendación, los mismos jefes recomiendan estar con ellos. No necesitan haber hecho prácticas en empresas multinacionales, poco a poco estas organizaciones se han vuelto en multinacionales. Sin más oportunidades escogen algún bando de la guerra. 

Una guerra que alcanza para llenarle los bolsillos a todos, porque desarrollar, importar, comercializar, vender, mantener y traficar armas no es gratis, existe un gran negocio detrás de eso. Negocio del que viven familias enteras, en Colombia está montado uno de los astilleros de embarcaciones de guerra más importantes del continente. La empresa producción y desarrollo de armas pertenece al gobierno y es de las pocas empresas del estado que genera ganancias. Y a todo esto hay que sumarle, combustible, dotaciones, médicos, clínicas, prostitutas, comida, drogas, medicinas, prótesis, pensiones, vendas, carros, mercados, todo, todo hay que sumárselo al presupuesto de la guerra, es algo de lo que viven muchísimas familias. Los colombianos deben pagar un impuesto de guerra. ¿Impuesto de guerra? Eso es justificación al conflicto. Eso solo se puede ver en un país que vive de la guerra y para la guerra.

Y el día que se acabe la guerra, qué van a hacer todos esos muertos de hambre que no saben hacer nada más? No me imagino al General de las Fuerzas Militares, sembrando yuca en su tierra. O a un confeccionista de uniformes militares, cosiendo sotanas, manteles, cobijas de siete tigres. O peor aún a un guerrillero pidiendo trabajo de albañil -Usted que experiencia tiene en construcciones? Sé construir acambuches! Plop! - Se nos viene la plaga. Más empresas quebradas, despidos, más ratas para las calles, gente que no sabe hacer nada, haciendo nada. Más inútiles con tiempo libre para pensar en nada y cuando ese tipo de gente piensa en nada, el resultado es atroz. 

El carácter violento del colombiano, potencializado con el hambre que sentirán los desempleados de la postguerra, después de no encontrar en qué ocuparse. Generará más violencia, un círculo vicioso interminable. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Entrevista con un Twittero - Parte II



Ya esto se está convirtiendo en una película de terror, soy de las que piensa que las segundas partes, continuaciones y demás son un fracaso. Había terminado diciendo que dudaba de repetirlo, aunque hubiera sido una experiencia agradable. Pero a los pocos días allí estaba él, con sus mensajes y correos completamente interesantes, palabras llenas de sentido, que tocaba leer dos y tres veces para no dejar escapar nada, vaya que fue intenso, muchas veces no había terminado de leer uno cuando llegaba el otro.

Realmente esto se me estaba saliendo de control, soy una persona solitaria y me gusta. Jamás he querido ser el centro de atención de nada. Pero en este caso lo era, o por lo menos así lo creí por sus mensajes. No eran palabras comunes y corrientes, sé que en la mayoría de casos en una conversación entre un hombre y una mujer, hay un deseo de fondo. Pero estas iban muy bien disfrazadas, leerlas eran una inquietante perversión, tanto que hubo momentos en los que ya me hacía falta leerlos cuando no llegaban.

No estoy segura si él lee todo lo que escribo, sin embargo ya se lo había hecho saber, no estaba muy segura de repetir nuestro encuentro. Cuando llegó un nuevo mensaje pidiendo volver a vernos. Las piernas me temblaron, el piso se derrumbó en segundos y con mis dedos sobre la pantalla de mi celular, accedí a verlo nuevamente, atormentada, pero debo confesar que detrás de mis gafas de marco grueso, se esconde una mujer que se derrite por las palabras bien escritas.

Quería saber hasta dónde llegaba su creatividad, quería saber qué pensaba hacer en nuestra segunda invitación. Repetiría el simple café? El convencional cine? Aunque si es una película interesante, gana puntos, sin embargo el cine, no me daría confianza, más bien miedo… Por nada del mundo le aceptaría salir a ir bailar, eso implicaría que tengo que tomar aguardiente, y cuando tomo aguardiente, pues tomo aguardiente!

Finalmente me sorprendió, no fue nada de lo que supuse. Tomarnos un cóctel un martes en la noche. Maravilloso! jamás he tenido tan sola una excusa para no tomar entre semana, además sería solo uno. Merceditas y yo de nuevo nos iríamos para la ciudad. Sentía un poco de deseo, pero a la vez también sentía nervios y hasta ganas de no ir. Claro, dejarlo plantado, eso es lo que hacen todas las mujeres que juegan con los hombres, pero qué tal fuera al contrario, que es él quien juega conmigo? Con sus mensajes perfectamente escritos, con mensajes en el momento correcto e indicado, haciéndose extrañar lo suficiente, pero tampoco tanto para caer en el mal genio y seguido en el olvido. 

Salí tarde, siento cierta adrenalina cuando salgo tarde y tengo que manejar a la vieja Merceditas a su máxima velocidad. Llevaba una ropa apropiada, ni muy formal, ni completamente desaliñada, tenía ese look ¨no me arreglé hoy¨ que nos toma a la mujeres aproximadamente dos horas y media en lograr. Salí rumbo a la ciudad oyendo Dionne Bromfield a todo volumen, con mis gafas de sol y los vidrios de Merceditas abajo, para que terminar mi elaborar mi despeinado, peinado. 

Me miro al espejo y llevo esa sonricita estúpida, que no tenía desde hace mucho, maldita sea! Estoy perdida, más me vale hacer algo para que se me borre… La reunión de este día sería en un club, porque salía de entrenamiento. Oh, un deportista, que escribe bien! Increíble. Llegué tarde para no perder mi buena costumbre. Allí estaba él, sentado frente a la entrada principal de club. En su pelo se notaba que se acaba de bañar. Parqueo y voy hacía a él, sin poderlo mirar fijamente, pero camino muy segura, afortunadamente no me puse tacones y llevo mis Onitsuka Tiger amarillos. -Sí, soy fanática de Kill Bill, de Tarantino, es una cosa perfectamente deliciosa-.

Cómo lo saludaría esta vez? Beso en la mejilla, la mano, un abrazo, qué hago? En menos de lo que alcanzo a pensar, está él encima mío con su mano derecha sobre mi hombro y su cara muy cerca a la mía para darme un beso en la mejilla. Qué hábil es. Sorprendida se me sale un, hola y mi cuerpo da un paso hacia atrás. Le pregunto qué vamos a hacer? -No quiero estar en ese club, esos lugares me parecen aburridos-. Vamos y nos tomamos un cóctel a un lugar que conozco, está cerca de aquí, saca una llave de su bolsillo y camina hacia una moto, que se encuentra parqueada a pocos metros. -Una moto? Por favor, no pienso subirme en esa cosa-. Tranquilo, vaya usted adelante y yo lo sigo en Merceditas. No mejor vámonos los dos en tu carro. Me extiende la mano para que le preste las llaves. -Está loco? Merceditas solo la manejo yo, y mi padre cuando la lleva al taller. Iluso! Si quiere ser caballeroso séalo de otra forma-.

Montados en Merceditas noto su mirada recorriéndome toda. No me gusta, pero así son los hombres. Con sus señas a los pocos minutos llegamos al lugar, un sitio que no conocía, interesante. Me gusta conocer nuevos lugares, pero no nuevas personas. Es un bar oscuro, con jazz de fondo y muy pocos clientes esta noche. Se acerca la mesara y nos pregunta que vamos a tomar. Para mi, una caipirinha -Desde que estuve en Brasil me volví adicta, a ese elixir carioca- Él ordenó un Cuba Libre, vuelvo a ver que tiene un gusto completamente vainilla, es frustrante. Tuerzo la boca y la mesera se va, comenzamos a hablar sobre nuestro día, el mío no tuvo nada fuera de lo común, el suyo por lo contrario, fue completamente lleno de eventos y situaciones. Vuelve la mesera con nuestros cocteles. Brindamos? Me pregunta -Brindar por qué? No estoy celebrando nada. Como quiera-. Salud! Y brindamos por qué? El mundo todavía sigue igual, sigo viendo gente fea en la calle y en la televisión. 

Después de unos incomodos minutos de silencio y con sus ojos mirándome fijamente a los míos, como si quisiera decir algo y no encontrará las palabras. Dijo cualquier estupidez que rompió el silencio en risas y nuestra conversación volvió a tomar un rumbo interesante, llegando al punto en que nos dimos cuenta que compartimos un desprecio especial por la humanidad. Es gratificante encontrar a alguien con ese sentimiento y esa oscura forma de pensar. 

Decidí tomarme solo una caipirinha porque tengo que manejar y supongo que él tendrá que montarse en esa moto. Después de terminarla, hablamos un rato más y miré mi reloj como excusa, -el camino no es largo, pero él no lo sabe- ya es tarde debo irme, el camino es largo. Perfecto, pidió la cuenta y después me acompañó hasta Merceditas, llevándome de gancho. Trató de abrir la puerta para mi, pero se lo impedí, esperó a que me subiera. Me terminé de poner el cinturón de seguridad, pero no podía cerrar la puerta, él estaba allí. Se acercó a mi, venía directo hacia mi boca, pensé mil cosas en un milisegundo, y antes que sus labios alcanzaran los míos giré mi cabeza rápidamente y tan solo fue un beso de despedida, como cualquiera. Lo vi congelado, encendí a la vieja Merceditas, él se apartó, cerré la puerta, bajé el vidrio y le dije adiós.