sábado, 5 de marzo de 2011

Que me den el trabajo, pero que me respeten la privacidad



Hace contados minutos recibí una visita domiciliaria de una empresa en la cual estoy haciendo para ver si entro a trabajar allá, pero la verdad ya no quiero. El malestar que generó en mi esta visita fue lo que me impulsó a venir a mi computador y escribir. ¿Qué derecho tienen ellos en venir a mi casa y registrar mi vida? Si tendré un compromiso será con la empresa y eso será cuando trabaje allá, mi casa es mi territorio y punto.


Explíquenme, me hace mejor o peor empleada que tenga una casa bonita o no.


Y no es que tenga una casa que se caiga del mugre o que viva en un lugar que me avergüence de él, simplemente es que para este tipo de cosas soy una persona reservada. Me encantan las visitas, pero de mis amigos o familiares. Díganme cómo voy a atender a alguien que ni conozco y además quiere ver hasta mis cajones.


Sentada en mi sala contando mis secretos más íntimos a una extraña que se toma mi tinto en la vajilla que me regaló mi madre con objeto que ésta fuera un tesoro familiar. Esto es la transgresión a la intimidad.


Si bien las empresas, cada día nos absorben con el trabajo y actividades, siento que esto se pasa de la raya, me acabo de sentir violada.

martes, 18 de enero de 2011



Colombia una país conquistado por cualquiera.



Con este título no me refiero a que Colombia fue conquistada por cualquiera, me refiero al presente y pasado cercano. Y es que día a día, viene cualquier don nadie de cualquier país y triunfa como acá, como ninguno.


¿Qué pasa, somos tan ingenuos que nos dejamos seducir por cualquier acento o por alguien que hable español enredado? Seguramente en sus países de origen no eran nadie, vieron en el mapa un país bien lejos y se vinieron acá, y hoy son los reyes. Nos aplica perfectamente ese reconocido refrán ¨en el país de los ciegos el tuerto es rey¨. Y tan ciegos somos que confiamos en cualquier aparecido, antes que en nosotros mismos, gente a la cual no se conoce el pasado y a la cual tampoco se le exige un sustento de lo que se supone son.


Ejemplos de timadores en tierras colombianas hay muchos y quizás ustedes incluso sepan más que yo, tampoco quiero dar nombres ni comprometer gente, porque me parece como feo. ¿Pero quien no recuerda esa racha de actores y actrices de medio pelo que invadieron nuestras pantallas en la década de los 90´s? O ciertos periodistas que vienen a nuestros noticieros a opinar sobre nuestro país y apenas llevan un par de meses en él y seguros viven en Rosales y andan en camioneta blindada con escoltas. ¿O qué me dicen del caso de los publicistas? Es aún peor, personajes empíricos o de poca experiencia que vienen con portafolio robado, acento sureño y convencen a cuanto presidente de agencia, y son nombrados hasta directores creativos.


Ojalá pasará igual con los colombianos en tierras extranjeras, pero es un caso completamente inverso, se van de aquí a otros países y terminan lavando baños, de meseros, niñeras etc. Siendo que acá vienen personas que lavaban baños, meseros o niñeras, y terminan presentando un noticiero, de protagonista de una telenovela, dirigiendo una agencia de publicidad, en fin nosotros siempre seremos menos que los demás, pero eso es únicamente culpa de nosotros. Ya que los hemos tenido tanto tiempo acá, aprendámosle a esos timadores sus mañas y vámonos a conquistar a los más chicos. ¡Bolivia, Ecuadorsh, Guatemala, República Dominicana, todos; prepárense que para allá vamos!

martes, 21 de diciembre de 2010

La igualdad de géneros, una vaina cada vez más igual.

He notado con asombro en el último tiempo, no sé uno, dos o quizás tres años para acá, que esta vaina de la igualdad de géneros ya casi es igual. O me van a decir que no han visto pasar por la calle a estos o estas muchachos o muchachitas que no se saben ni que son, toca quedarse viéndolos fijamente más de diez minutos para poder descifrar qué carajos son.


Hombres que se planchan el pelo, se peinan a medio lado y que usan pantalones ajustados, más ajustados que los de la mismísima Shakira. Y esto solo en cuanto a la vestimenta porque si hablamos de sus personalidades o actitudes quedamos aún peor. ¿Cuándo se había visto dos hombres, hombres de verdad, en la calle abrazándose, tocándose la cara y demás? Jamás.


Y si hablamos de las mujeres no nos quedamos atrás, he visto a un centenar de ellas montando tabla con los pantalones a mitad de nalga, ahora las viejas con que llevan las riendas de la relación, ya no es como antes que los tipos nos cortejaban, no señor, ahora somos nosotras quienes vamos a buscar a los tipos y quienes nos encargamos de toda la relación. Y acá es donde entra el aspecto en el que cada vez somos más iguales y más diferentes a lo que antes fuimos. Hombres que ya no son hombres, ya no saben arreglar nada en la casa, ya no son esos machos rudos que solucionaban cualquier daño en el hogar, que desarmaban el motor del carro en el garaje de la casa el domingo. Esos sí eran hombres de verdad.


Más dramático aún, qué mujer de hoy en día sabe cocinar, pero cocinar comida de verdad, un estofado, un buen ajiaco, o cualquier otro plato de esos que cocinaba mi abuela durante toda la mañana, de eso no se volvió a ver. Así como tampoco se volvió a ver una vieja que sepa tejer o remendar la ropa como lo hacía mi madre en el internado de monjas, ahora todas somos víctimas de doña Zara y sus secuaces se encargan de hacernos ¨mujer¨ cada día más, con sus prendas que duran lo que dura un noviazgo adolescente.