
¿A cuántas de nosotras no nos ha pasado? Incluso me atrevería de decir que a los hombres también les pasa. Entramos a la tienda de ropa, vemos algo que nos gusta, que está en promoción o que por alguna manera nos llama la atención, decidimos pedirlo y es cuando la vendedora nos viene con la sorpresa; lo siento señorita: pero esto no lo tengo en su talla, en color que usted busca o cualquiera que sea la excusa. No importa así nos llevamos el tan deseado artículo. Claro que existe un caso aún peor en el que nos llevamos algo que ni estábamos buscando, ni necesitábamos, incluso sabemos que no sale con nada de lo que tenemos en nuestro closet y sin importar le echamos el tan doloroso tarjetazo sabiendo que al final nos arrepentiremos de aquella decisión.
Pasa exactamente lo mismo con las relaciones, ves al sujeto te gusta y todo el mundo te dice que no es para vos y sin embargo decides ir hacia él, incluso una voz dentro de ti ¨no es para ti, no lo compres¨ -esta voz se llama conciencia, pero nunca le hacemos caso-. Decimos, al igual que con la ropa con unas cuantas puntadas y queda perfecto para mi, lo mando tinturar, le cojo el dobladillo etc… Yo le enseño a bailar, a comer, a hablar bien o lo que sea… ¡Mentira! eso no existe no hay nada más torcido que querer enderezar algo que ya se encuentra torcido.
Si bien casi nadie tiene la posibilidad de mandar a hacer su ropa, mucho menos se tiene la posibilidad de mandar a hacer a nuestra pareja ideal. Pero así como algunas veces después de pasear de tienda en tienda, de pasar de un vestidor a otro, de caminar kilómetros en centros comerciales podemos dar con nuestra prenda deseada y tan buscada. Quizás pase lo mismo con nuestra media naranja.
Ojalá no nos pase a ninguno de nosotros que nos llevemos la prenda equivocada, ¨no es lo que buscaba pero igual me lo llevo¨.